Seguro que alguna vez te ha pasado.

Abres una botella con muchas ganas, sirves la primera copa y piensas: «Pues esperaba algo más». Quizá el vino parece demasiado cerrado, el alcohol destaca más de la cuenta o los aromas apenas aparecen. Lo curioso es que, diez o quince minutos después, esa misma botella parece otra.

No es una sensación. Tampoco es casualidad.

Muchos vinos necesitan un poco de tiempo para expresarse y, aunque solemos asociarlo a botellas muy caras o a grandes reservas, también ocurre con vinos que cualquiera puede disfrutar un viernes por la noche en casa.

La buena noticia es que no hace falta gastar más dinero para notarlo. En muchos casos, basta con hacer una sola cosa: no servir el vino nada más abrir la botella.

¿De verdad una botella puede mejorar en solo diez minutos?

La respuesta corta es sí.

Cuando abrimos una botella, el vino entra por primera vez en contacto con una mayor cantidad de oxígeno. Ese pequeño cambio empieza a modificar algunos de sus compuestos aromáticos y hace que determinados olores desaparezcan mientras otros se vuelven más evidentes.

Es lo que muchas veces resumimos diciendo que el vino "respira". Técnicamente no es exactamente así, pero la idea ayuda a entender lo que ocurre.

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) reconoce la oxigenación como una práctica utilizada para favorecer la evolución de determinados compuestos del vino, mientras que investigadores de la Universidad de California en Davis (UC Davis) llevan años estudiando cómo el oxígeno influye en su evolución y en la forma en que percibimos sus aromas.

La conclusión es bastante sencilla: un poco de oxígeno puede hacer mucho bien; demasiado, justo lo contrario.

El mejor truco no cuesta dinero

Si tuviéramos que dar un solo consejo para mejorar la mayoría de las botellas, sería este: ábrela unos diez minutos antes de servirla.

Mientras terminas de cocinar, preparas la mesa o llegan tus invitados, el vino empieza a abrirse poco a poco. Es un gesto tan sencillo que muchas veces pasa desapercibido, pero puede marcar una diferencia sorprendente.

No hablamos de transformar un vino normal en uno extraordinario. Eso sería imposible. Lo que sí conseguimos es darle la oportunidad de mostrar todo lo que ya tiene dentro.

¿Con qué vinos funciona mejor?

No todos los vinos reaccionan igual, y eso también forma parte de su personalidad.

Los blancos muy jóvenes y aromáticos, por ejemplo, suelen estar listos desde el primer momento. Lo mismo ocurre con la mayoría de los espumosos, que están pensados para disfrutarse nada más abrir la botella.

Donde más se nota esta pequeña espera es en muchos tintos jóvenes, crianzas recientes o vinos con cierta estructura. Un Tempranillo, una Garnacha, una Syrah o un Cabernet Sauvignon suelen ganar en equilibrio cuando les damos unos minutos antes de servirlos. También algunos blancos fermentados en barrica muestran una expresión mucho más elegante después de ese breve contacto con el aire.

No es que el vino cambie de personalidad. Simplemente deja de estar tan "cerrado" y empieza a enseñar mejor sus aromas.

¿Y el decantador?

Durante mucho tiempo parecía un accesorio reservado para restaurantes o para botellas de colección, pero en realidad tiene una función muy sencilla: hacer que el vino entre en contacto con más aire en menos tiempo.

Puede ser muy útil con vinos de guarda que tienen sedimentos, pero también con tintos jóvenes y concentrados que necesitan abrirse un poco antes de llegar a la copa.

Si tienes un Rioja Reserva, un Ribera del Duero con crianza o un Priorat que notas demasiado cerrado, un decantador puede ayudar a que el vino se exprese antes.

Eso sí, no hace falta utilizarlo siempre. Como ocurre con casi todo en el mundo del vino, depende de la botella.

La temperatura también juega su papel

Hay otro detalle que solemos pasar por alto: la temperatura.

Durante años hemos escuchado que el vino tinto debe servirse "a temperatura ambiente". El problema es que esa recomendación nació cuando las casas eran mucho más frías que ahora. En pleno verano, servir un tinto a la temperatura del salón puede significar hacerlo a más de 26 grados.

Y ahí el vino pierde frescura.

Si hace calor, muchos tintos agradecen pasar diez o quince minutos en la nevera antes de abrirse. La fruta aparece con más claridad, el alcohol resulta menos dominante y la sensación en boca suele ser mucho más equilibrada.

Es un cambio pequeño, pero se nota desde el primer sorbo.

La copa también puede ayudar a esa botella

Hay quien piensa que todas las copas son iguales, pero no es exactamente así.

Una copa amplia permite que el vino tenga más espacio para oxigenarse y concentra mejor los aromas hacia la nariz. De hecho, investigaciones de la Universidad de Bolonia han demostrado que la forma de la copa influye en la liberación de los compuestos aromáticos durante la degustación.

No hace falta llenar la vitrina con una copa para cada variedad. Con una buena copa de cristal fino y un cáliz generoso ya notarás la diferencia.

Antes de comprar otra botella, prueba esto

Cuando una botella no termina de convencer, es fácil pensar que simplemente no era un buen vino.

Pero antes de sacar esa conclusión merece la pena hacer una prueba muy sencilla. La próxima vez que abras una botella, espera diez minutos antes de servir la primera copa. Si hace mucho calor, refréscala un poco. Y si tienes un decantador o una buena copa, aprovéchalos.

Puede que el vino siga sin ser tu favorito. Pero también puede ocurrir algo mucho más interesante: descubrir que esa botella tenía mucho más que ofrecer de lo que parecía al principio.

Porque no todos los vinos necesitan años para alcanzar su mejor momento. Muchos solo necesitan que alguien les conceda diez minutos.

En Misumiller.es encontrarás vinos que agradecen una ligera aireación, además de copas y decantadores pensados para sacar el máximo partido a cada botella.

Misumiller. Donde estés, estamos.

Comments (0)

No comments at this moment
Producto añadido a la lista de favoritos
Producto añadido a la lista de comparación