¿Y el decantador?
Durante mucho tiempo parecía un accesorio reservado para restaurantes o para botellas de colección, pero en realidad tiene una función muy sencilla: hacer que el vino entre en contacto con más aire en menos tiempo.
Puede ser muy útil con vinos de guarda que tienen sedimentos, pero también con tintos jóvenes y concentrados que necesitan abrirse un poco antes de llegar a la copa.
Si tienes un Rioja Reserva, un Ribera del Duero con crianza o un Priorat que notas demasiado cerrado, un decantador puede ayudar a que el vino se exprese antes.
Eso sí, no hace falta utilizarlo siempre. Como ocurre con casi todo en el mundo del vino, depende de la botella.
La temperatura también juega su papel
Hay otro detalle que solemos pasar por alto: la temperatura.
Durante años hemos escuchado que el vino tinto debe servirse "a temperatura ambiente". El problema es que esa recomendación nació cuando las casas eran mucho más frías que ahora. En pleno verano, servir un tinto a la temperatura del salón puede significar hacerlo a más de 26 grados.
Y ahí el vino pierde frescura.
Si hace calor, muchos tintos agradecen pasar diez o quince minutos en la nevera antes de abrirse. La fruta aparece con más claridad, el alcohol resulta menos dominante y la sensación en boca suele ser mucho más equilibrada.
Es un cambio pequeño, pero se nota desde el primer sorbo.
Comments (0)