Álvaro Palacios describe su precioso y preciado vino L'Ermita como un vino para la intimidad, para el cual no sirven las palabras, solo la emoción. L'Ermita acaricia todos nuestros sentidos con una textura indescriptible y una fuerza envuelta por una finura conmovedora; realmente, emocionante.
Pese a su elevada graduación y a su zona de origen, L’Ermita consigue, año tras año, mostrarse como un vino fresco. Sabe resultar accesible pese a su complejidad y seduce, casi embruja, desde el primer sorbo.